Volver a la crisálida hasta ser mariposa

Categorías Espiritualidad, Reflexión

Soy un niño que fue expuesto demasiado pronto ante tantos estímulos e ideas, no estaba listo para mantenerme feliz y en paz ante las dificultades de la materia. Soy una oruga que fue expulsada de la crisálida ni bien mis alas estaban empezando a crecer, todavía me faltaba (y me sigue faltando) mucho para ser mariposa.

Cada vez que vuelvo a la crisálida (momentos en donde me siento seguro, tranquilo, pleno y comprendo todo mi potencial) es un momento sagrado en el cual retomo el proceso de gestación, y todo lo que pasa entre cada una de esas veces es un enorme desafío, porque lo ideal sería que siga gestando hasta tener las alas completamente desarrolladas: estar listo para mantener conciencia de que lo material es sólo un juego, algo secundario, que nunca nos pone en peligro, que está lleno del amor de Dios.

Así que ahora nos toca, por una parte, aceptar que las circunstancias nos exigen seguir saliendo de la crisálida sin ser mariposas, y enfrentar de la mejor manera posible esos períodos, y, por otro lado, buscar y crear situaciones crisálida que duren lo más posible y que se repitan lo más posible seguido, para terminar de fijar el estado de Unidad en todo nuestro ser, y luego salir y volar como fuimos hechos para hacerlo: siempre felices, en paz, enérgicos, de todos y para todos los seres.

Amén.

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2 pensamientos en “Volver a la crisálida hasta ser mariposa

  1. Muy bueno hermano! Allí exponés el dilema del perfeccionismo o idealismo: “esperar a un momento ideal para lograr la paz interior o estar en paz en el proceso como algo excluyente”. La pregunta es si “en algún momento llegaremos a ese ideal” (desplegar las alas) y si es así, si tiene sentido solo estar en paz allí?
    También me viene quizás la cuestión (muy ligada a mis procesos internos) de que es un desafío tener paz interior en el aquí y ahora cuando tenemos objetivos y metas a alcanzar y nos perdemos en ellos. O quizás esa paz interior va tomando diferentes matices y niveles a medida de que aumenta nuestra comprensión de la vida con el avance de la misma vida, a través de las experiencias agradables y desagradables (tal vez algún día, “sólo experiencias”). Quizás sea cierto que exista un momento donde “despleguemos alas” (un nivel de comprensión de la realidad tal vez) donde tengamos una paz no conocida en niveles anteriores y por lo cual indescriptible con el lenguaje (que nombra aquello que conoce), pero mientras no lo tengamos, el objetivo puede ser proponernos una paz interior con nuestra (supuesta) imperfección, sabiendo que damos lo mejor que tenemos con la sabiduría y paz que tenemos en el momento…
    En criollo “es lo que hay”. Que bello desafío! Nuestra encrucijada es muy muy similar hermano! Un abrazo enorme !

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    1. Hermoso hermano:
      Creo que desde ese estado ideal, uno, naturalmente, sin decidir, como movido por el universo porque no hay dualidad, uno hace lo mejor posible y lo más posible, siendo lo que vino a ser, como un árbol que da frutos porque está en su naturaleza, o el Sol, que da luz porque está en su naturaleza. O el Buda, que sin necesidad emocional de servir, sirve incansablemente desde su iluminación durante 45 años.

      Creo que el gran desafío es lograr cada día purificar nuestra mente más de lo que la contaminamos con cada reacción de ignorancia de rechazo/apego. Dar vuelta la inercia de la rueda del Dhamma hacia la liberación del sufrimiento.

      Logremos eso, y a partir de entonces todo será cada vez más fácil. Ayudémonos a llegar hasta ahí.

      Te amo y abrazo con lo mejor.

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