Todas nuestras acciones tienen consecuencias más allá de lo visible; “lo esencial es invisible a los ojos“. Es necesario que nos informemos e informar sobre cuáles son las consecuencias de todas nuestras acciones y que actuemos consecuentemente, para así vivir responsablemente; perjudicando lo menos posible y beneficiando lo más posible en la medida de las posibilidades de cada uno.

Esto significa:

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De niño fui creyente en un Dios ajeno a mí, porque creí en lo que me enseñaron. Luego decidí no creer en Dios, porque me di cuenta de que no era comprobable su existencia. Después fui agnóstico, porque me hicieron dar cuenta de que tampoco era comprobable su no-existencia.
Ahora no creo: SÉ que Dios existe, y además sé que es lo único que existe. Todo lo que existe es Dios. No somos cuerpos, ni mentes, y ni siquiera almas: sólo somos Dios experimentándose a sí mismo.

“Es demasiado esfuerzo cosechar los granos, ojalá los vendieran ya cosechados.” Concedido.
“Es demasiado esfuerzo moler los granos, ojalá los vendieran hechos harina.” Concedido.
“Es demasiado esfuerzo hacer el pan / la masa, ojalá l@ vendieran ya hech@.” Concedido.
“Es demasiado esfuerzo preparar el alimento, ojalá lo vendieran listo para comer.” Concedido.
Y así, estamos demandando demasiados recursos para obtener algo de peor calidad. Mayor costo real, menor beneficio real. ¡Y seguimos sin estar satisfechos!
¿No será momento de darnos cuenta de que “progreso” no significa “tener cada vez más”, sino “necesitar cada vez menos”?
¿No será momento de darnos cuenta de que nunca estaremos satisfechos a no ser que decidamos estarlo?

Actualización: Escribí esta nota en febrero del 2013. Siendo hoy 3 de mayo del 2015, aclaro que volví a consumir las 3 sustancias muchísimas veces a pesar de las muchísimas veces que decidí dejarlas y períodos más y menos largos de no consumirlas (esto demuestra lo adictivas que pueden ser; en mi caso se suma el hecho de que desde niño las consumía en abundancia). Ahora, hace unos días que, con más voluntad que nunca antes, tomé la decisión definitiva de no volver a consumir lácteos, azúcar ni harina de trigo refinada (sí integral, como transición). Por ahora voy muy bien; veremos cómo me va esta vez. Además, les comparto una herramienta maravillosa que encontré hace un rato, muy bien pensada para ayudarnos a cumplir cualquier objetivo que nos pongamos: www.stickk.com

El 13 de enero me propuse no consumir ninguna de estas tres sustancias adictivas durante 1 mes. ¡Hoy se cumple ese mes!

Si no sabés por qué hice esto ni/o por qué digo que son adictivas, te invito a que leas este artículo de mi blog: http://bit.ly/X2Z1Nw. Para quien no lo sepa, hago saber que tampoco consumo ningún tipo de carne (que, como pueden informarse en el artículo, también es adictiva) ni otros productos animales (salvo lácteos) hace ya más de un año.

Decidí hacer 1 mes luego de varios intentos fallidos de abandonarlas de forma definitiva en los que a la semana o dos como mucho, teniendo estas sustancias a mano (vivo con mi familia nuclear que se alimenta mayormente de manera tradicional), volvía a consumirlas; y la idea de hacerlo durante 1 mes surgió a partir de esta charla TED.

A pesar de no haber tenido éxito con el trigo, siento que el desafío me ayudó muchísimo: hoy por fin siento seguridad sobre que no volveré a consumir lácteos, azúcar blanca ni harina refinada, y si bien aún no me siento listo para abandonar el trigo por completo, dentro de poco comenzaré un mes sin nada de gluten (para entender por qué, seguí leyendo) que sin dudas me ayudará más aún a lograr mis propósitos.

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Hasta hace poco más de un año, creía no ser adicto a ninguna sustancia, pero luego de aprender y observar dentro y fuera mío algunas cuestiones, me di cuenta de que estaba equivocado. Para quien no lo hubiera notado aún, vivimos en una sociedad en la cual el gluten (presente en el trigo, la avena, la cebada y el centeno), los lácteos y el azúcar blanca representan una gran parte de lo que se consume (no es que tenga datos oficiales, pero basta con pensar y observar un poco para darse cuenta de esto). Y la razón de esto, que no debería sorprendernos, es que (más allá de sus perjuicios a la salud -para más información explorar los enlaces en “Fuentes y más información”-) son sustancias sumamente adictivas. Inocentemente creemos que nos gusta su sabor, cuando en realidad lo que nos gusta es lo que genera en nuestro sistema nervioso (como cualquier otra droga, sin exagerar) y por eso es que, quizás la mayor parte de las veces, se consumen combinadas.
Es impresionante la cantidad de combinaciones habituales, incluso diarias, de estas sustancias:

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Hagas lo que hagas, nunca lo hagas por pensar o sentir que si no lo hicieras, algo malo sucedería. Eso es actuar desde el miedo. Al contrario, que siempre sea por creer que haciéndolo, algo bueno sucedería. Eso es actuar desde el amor.

Acercándose el día de la madre, han vuelto a mi mente algunas reflexiones que he hecho a lo largo de los últimos años respecto a los regalos, y que generaron varios cambios en mí. Aquí las comparto.

No demandemos regalos

¿Por qué pedimos regalos? ¿Para estar seguros de que nos aman? ¿Simplemente por costumbre? Incluso si demandar que otro nos pruebe su amor nos pareciera correcto, que nos regalen algo no necesariamente significa que nos aman, y menos aún en fechas establecidas como cumpleaños y días especiales. Muchas veces (quizás la mayoría en esta cultura) significa simplemente que el otro cumplió con el deber que sentía de regalarnos algo para sentirse mejor. Un regalo que seguro demuestra amor es aquel hecho independientemente de la fecha, hecho especialmente porque el otro decidió demostrarnos amor a través de un regalo.

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