Algunas cosas que me ponen mal

Categorías Espiritualidad, Reflexión, Sociedad

Qué lindo que es escribir. Es como grabarme hablando, pero sin hablar. Además, uno puede modificar lo dicho para que lo que quiere decir se entienda mejor, más aún si está escribiendo en un dispositivo electrónico. Aunque, por supuesto, hablar, grabarse y video-grabarse también tiene sus ventajas.

Hay bastante que necesito decir hoy. Durante los últimos días me he dado cuenta de cosas muy importantes sobre mí mismo y la vida en general. Una es que las principales cosas que me hacen dejar de estar en armonía son (1) mi condicionamiento de apurarme para hacer lo más posible mientras trabajo (priorizar la productividad por sobre mantenerme en Paz), y (2) la preocupación por el mundo y por la salud de mis familiares, junto con el sentirme ignorado por no ser escuchado, ya que continúan viviendo y haciendo casi todo de la misma manera a pesar de lo que les he llegado a comunicar (algunas cosas repetidas veces), y que no se interesan por todo lo que vengo aprendiendo durante los últimos años, que tan crucial y útil sé que es para la humanidad, tanto a nivel individual, de salud mental y física, como a nivel social.

Me pone mal

Me pone mal que una mayoría tan grande no vea, ya sea por ignorancia o por negación, los problemas que yo veoMe pone mal que tantos basen infantilmente su felicidad en obtención de objetos y vivencias de experiencias sin conocer y sin pensar ni querer pensar cómo su forma de vivir y de hacer ciertas cosas impide o dificulta, en mayor o menor medida, más o menos directamente, la felicidad de otros, incluso también la felicidad propia a largo plazo, así como sin buscarle soluciones a estos problemas (gracias a lo cual estos problemas y sus consecuencias simplemente continúan reproduciéndose y aumentando).

Me pone mal que no se interesen al respecto de estas consecuencias (sobre su salud física, sobre su salud mental, sobre la de otros -ya sean cercanos o lejanos, humanos o no humanos-, sobre el medio ambiente, a más largo o más corto plazo, y más o menos directamente).

Me pone mal que haya tan poca disposición a informarse y/o a cambiar a pesar de lo mucho que pueda gustar debatir sobre estos temas (cuán apasionadamente hemos debatido con tantos, especialmente algunos familiares y amigos de mi familia, que no han hecho ningún -o casi ningún- cambio a pesar de tanta información y reflexión).

¡Incluso hay tanta resistencia a conocer las soluciones ya existentes a los problemas que ya se conocen, porque eso implicaría cambios con desapegos (de opiniones, de formas de ver, de formas de hacer ciertas cosas, de formas de vivir)! Y eso también me pone mal.

Me sorprende y me pone mal que mi consideración por estos temas no sea algo normal. ¿Cómo es que existe tanta gente con las necesidades básicas más que cubiertas que no se pone a pensar sobre estos temas ni quiere hacerlo? ¿Cómo van a permitir que sus apegos les impidan hacer cambios basados en la razón, y que no lo quieran cambiar ni siquiera al darse cuenta?

Me pone mal ver tanta locura. Tanto enredo en la ilusión de los placeres sensuales.

Gastronomía, sexo, turismo, moda, arte, intelectualidad, fama, lucro, confort, aventura, entretenimiento -deportes, fiestas, alcohol, drogas, televisión, cine, series, novelas, teatro, libros, música, tecnología, parques de diversiones… comedia, terror, seducción, romance, acción, drama, ciencia ficción, etc.-. Aficiones, obsesiones.

Un sinfín de colores, formas, sabores, sonidos, olores, texturas, pensamientos, emociones y sensaciones agradables y súper agradables de todo tipo…

Esto es la base del consumismo.

 

¿Para qué queremos, pedimos y hacemos todo esto?

Para anestesiar nuestros dolores emocionales de los que no nos ocupamos (producidos, al fin y al cabo, incluso cuando se trata de profundos traumas, por la ilusión de que existimos como entidades separadas).

¿Y cuánto trabajo y cuántos empleos se destinan hoy en día a estos fines, o a “soluciones” (alopáticas, cortoplacistas y con efectos secundarios que empeoran la situación) a los problemas ocasionados por todo esto, mientras aún no hemos resuelto problemas tan básicos como el hambre de un porcentaje enorme de nuestra especie mientras tiramos (probablemente más de) la mitad de la comida que producimos? ¿Cómo puede ser que ya estamos llegando a Marte y estemos creando dispositivos de realidad virtual pero aún no podamos asegurar las necesidades básicas para todos los individuos de nuestra especie?

Imaginemos qué pasaría si todos nos dedicáramos a solucionar definitivamente los problemas más básicos de la humanidad. Para mí, es claro que en poco tiempo tendríamos comida, hospedaje y abrigo garantizados de por vida para todos y por generaciones, pero no lo hacemos porque aún hemos evolucionado menos de lo que solemos creer.

Es cierto que podemos pensar, pero es evidente que aún no le estamos sacando mucho provecho a esta capacidad, porque la destinamos casi exclusivamente y ciegamente a la obtención y la reproducción de todo esto tan agradable, y sin pensar en las consecuencias aunque ya las conozcamos. Somos homo-sapiens, pero no aún homo-consiens, es decir, humanos conscientes sobre los efectos adversos que todo esto produce, y sobre cómo solucionar todo este gran problema.

 

¿Cuáles efectos? La otra cara de la moneda:

Contaminación y cambio climático acelerado; enfermedades físicas y mentales; acaparamiento de recursos resultantes en pobreza, hambre, sequías y asinamiento; trabajo indigno, esclavo, pseudo-esclavo y/o infantil; crímenes; emociones como depresión, estrés, enojo y miedo; procrastinación; drogas; adicciones; abusos; sumisión; discusiones; rencores; relaciones enfermizas; corrupción; guerras… Muerte. En fin, (¿casi?) todos los problemas de la humanidad.

Falta de control, falta de claridad, falta de energía, falta de voluntad, lo cual simplemente alimenta las ganas de todo lo anterior que genera todos estos problemas.

Es un gran círculo vicioso del cual sólo se sale cuando se es consciente de estas consecuencias y se decide hacer el esfuerzo que haga falta por salir de tanta locura y sufrimiento. Funciona así tanto individual como socialmente.

[Aclaración: Por supuesto, no siempre todo lo mencionado genera tantos ni los mismos daños, y hay (y cada vez más) formas de obtener todas esas cosas que tanto nos gustan, y que sentimos que necesitamos, sin generar daño o generando mucho menos (“consumo responsable”), pero debemos entender que estamos jugando con fuego. Podemos jugar con juego responsablemente, pero más seguro sería no jugar con fuego. Mientras miles de millones de personas sigan jugando con fuego, por más responsablemente que intenten hacerlo, seguirá habiendo algunos incendios y se seguirán sufriendo las consecuencias. Si simplemente dejamos de jugar con fuego, nos ahorraríamos mucho trabajo y tendríamos más tiempo y energía para dedicarnos a lo que sí necesitamos, que, una vez cubiertas las necesidades básicas, es resolver el problema de raíz: nuestra angustia existencial producida por traumas, pero más en profundidad, por la ilusión de dualidad -de que todo está separado- y los condicionamientos generados por esta ilusión. ¿Cómo? Deshaciéndonos de esa ilusión y de sus condicionamientos: adquiriendo dominio sobre nuestras mentes, por un lado para dejar de hacer cosas que dañan a otros, y, por otro lado, para poder observar y entender, con objetividad, mediante la propia experiencia directa, por qué sufrimos, cómo dejamos de sufrir, que todo es impermanente, que todo es Uno, y por ende que no existimos (disolución del ego); proceso que nos lleva natural e inevitablemente a estar cada vez más en Paz cada vez más independientemente de absolutamente todo, y, por lo tanto, a deshacernos progresivamente de las ganas de todo lo que no necesitamos (de jugar con fuego). Y, si me preguntaran a mí qué recomiendo para este proceso, diría que no hay herramienta más simple, profunda y efectiva y más universalmente útil que la meditación Vipassana (www.dhamma.org/es).]

Todo eso me pone mal comúnmente. Al menos hasta ahora, aunque afortunadamente el malestar es, en promedio, cada vez menos intenso y dure cada vez menos desde hace unos años, sobre todo gracias a la meditación.

 

Sé que el problema en sí no es todo eso que ocurre, sino el hábito de mi mente de quejarme por lo malo en vez de agradecer lo bueno, que a su vez se debe más profundamente a mi identificación con esta estructura física-mental y el resultante apego a lo agradable, inherentemente acompañado por el rechazo ante lo desagradable -que en este caso es el sufrimiento y muerte producidos por tanta inconsciencia y negación-, pero me pregunto hasta qué punto y de qué manera corresponde ocuparse de los problemas tanto sobre su raíz como sobre su síntoma simultáneamente.

Sé que estoy en una postura dramática, sé que todos están haciendo lo mejor que pueden, y que debemos respetar los tiempos de los procesos de cada uno y de la humanidad en sí, sé que desde un punto de vista libre de ilusión de dualidad (es decir, objetivo) está todo bien todo el tiempo, sé que todo es impermanente, pero vengo sintiendo tanto esto que sentí que necesitaba escribirlo.

Sé y reconozco que todavía, aunque en una medida cada vez menor y muchísimo menor que antes y que el promedio de la población citada, y aunque lo minimice y compense con otros hábitos y acciones diversos, sigo haciendo cosas para anestesiar mi dolor (sobre todo con ciertos alimentos, especialmente pan o galletitas de harina integral -maldito gluten adictivo! jaja-), pero esto no le quita valor a lo que digo y señalo sobre este problema tan grande y del cual casi todos somos parte en mayor o menor medida.

Sé también que algunos se sentirían identificados con lo que me pasa y seguramente ayudaría que nos nutramos de comentarios de otros y nos demos apoyo mutuo, así que probablemente lo comparta.

 

Por otro lado, me esperanza mucho saber que hoy hay un porcentaje de la humanidad mucho mayor que nunca en la historia que no sólo ve e investiga estos problemas y piensa en soluciones, sino que además intenta y logra hacer diversas cosas al respecto, y agradezco a conocer personalmente a tantísimas de estas personas y ser amigo de muchas de ellas, pero, aunque sé muy bien que en realidad la solución principal es seguir desarrollando nuestra capacidad de mantenernos en Paz independientemente de todo y (no dejar que todo siga igual, sino) contribuir desde esa Paz, sin malestar (ya que mientras mayor es esa capacidad y nuestra Paz, más y mejor podemos servir al resto), creo que escribir me ayuda a aclarar mis ideas, y lo compartiré por si le sirve a otras células del organismo del cual somos parte, llamado “sociedad”.

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